América Economía recoge la última columna elaborada por Jaime Illanes Piedrabuena donde analiza el papel de las redes sociales en los conflictos medioambientales a raíz del último estudio presentado y elaborado en conjunto con la Pontificia Universidad Católica y Tren Digital.

Los datos hablan por sí solos: el 78,2% de los accesos a internet en Chile son móviles y provienen de smartphones y según el último informe mundial sobre el uso de Tecnologías de la Información y Comunicación -elaborado por el Foro Económico Mundial, que tiene en cuenta 144 países-, Chile subió cinco puestos respecto del año pasado, ubicándose en la posición 34 a nivel mundial. Así Chile se convirtió en el primer país en uso de tecnologías de Latinoamérica y se destaca como uno de los países con mayor penetración de la red social Facebook, con casi 11 millones de usuarios en 2014 y 1.700.000 usuarios diarios de penetración en Twitter.

Todo indica que estas tendencias no harán otra cosa que incrementarse. Por otra parte, vemos que los proyectos con impacto medioambiental o social cada vez tienen mayor dificultad para desarrollarse. Llamémoslo empoderamiento ciudadano, comunidades conscientes de sus derechos, o incluso, activismo ambientalista… el fenómeno es claro. A propósito de o anterior, mis preguntas son dos: cuál es la importancia de las redes sociales en este contexto y qué pueden hacer las empresas al respecto. Partamos por la primera.

A través de varios estudios realizados por Jaime Illanes y Asociados con la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica y el Think Tank Tren Digital, hemos tratado de conocer el comportamiento de la población online en Chile, respecto a los temas medioambientales, y hemos descubierto que 83% de la población online se informa a través de las redes sociales, que 64% posteó sobre temas ciudadanos en Facebook y que más del 50% de los usuarios de internet se manifiesta por temas medioambientales. También hemos descubierto que pocos usuarios, pero muy comprometidos opositores de grandes proyectos energéticos o mineros, influyen en una enorme proporción de los contenidos que circulan en las redes sociales. Concretamente el 33% de los twits en contra de los proyectos con mayor oposición medioambiental son influidos por un promedio de cuatro usuarios. La conclusión es que las redes sociales son hoy un campo de disputa comunicacional, en el marco de los conflictos medioambientales, tan relevante como los medios tradicionales.

Vamos entonces por la segunda pregunta: ¿qué pueden hacer las empresas al respecto? Mi impresión es que para muchas empresas este es un ámbito relativamente nuevo en el mundo corporativo y sobre el que todavía hay mucho que explorar. Buena parte de los proyectos actualmente paralizados en Chile tiene como causa la oposición de la comunidad; las empresas saben que las redes sociales juegan un rol relevante en este contexto y todo indica que seguirán evolucionando en su forma de gestionarlas y analizarlas. La gran conclusión de esta investigación es que pocos usuarios influyen en muchos mensajes e incluso en el destino de un proyecto. En ese sentido, el desafío de las empresas es fortalecer su participación en las redes sociales, así como su posición como fuente activa y confiable de información para las comunidades y la opinión pública en general.