Nuestra Geógrafo Senior Daniela Fuentes ha escrito una interesante columna para la revista Electro Industria, la cual va muy ligada al estudio Las Redes como Barómetro Social que se presentó en la Universidad Católica.

En los últimos años, la discusión sobre temas medioambientales ha ido adquiriendo mayor importancia para la ciudadanía, y es así cómo esta ha hecho sentir su opinión utilizando como vehículo de difusión de la misma las redes sociales.

Una reciente investigación de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica denominada “Las Redes como Barómetro Social”, demostró en qué medida las temáticas medioambientales se han tomado las redes sociales y cómo estas han permitido que temas que antes tenían repercusión local, ahora alcancen una connotación a nivel nacional.

La mencionada investigación monitoreó durante el año 2013 los ocho conflictos ambientales con mayor movimiento en las redes sociales (Pascua Lama, HidroAysén, Hidroeléctrica Angostura, Central Alto Maipo, Central Mediterráneo, Alto Maipo, Central Bocamina y Puerto Ventanas), buscando descubrir cómo se construyen los nodos y las conexiones en las redes sociales, determinando que se estructuran a partir de cuatro tipos de usuarios: unos pocos generadores de contenidos (organizaciones e individuos), que luego expanden su mensaje apoyados por los influenciadores (expertos en el tema o líderes de opinión) y medios de comunicación (amplificadores de discursos o información), para ser replicado su mensaje por miles de personas denominados como red de apoyo. Esta situación ha permitido que las redes sociales instalen en la opinión pública temáticas ambientales que en el pasado solo eran de importancia para la comunidad local donde se instalaría un determinado proyecto o para organizaciones interesadas en temas ambientales. Esta investigación demostró que de todos los actores involucrados en los conflictos ambientales a través de las redes sociales, el más relevante corresponde a los generadores de contenidos, ya que son quienes mantienen el conflicto latente y alínean a la red de usuarios en torno a un discurso. La existencia de generadores de contenidos y un uso estratégico de las etiquetas (en Twitter) aseguran que el conflicto se expanda y aumente su influencia.

Por otra parte, las redes sociales no han servido únicamente para transmitir un determinado mensaje a la ciudadanía (como, por ejemplo, un rechazo a la aprobación ambiental de un determinado proyecto), sino que también para organizarla, al punto de lograr que esta acuda a la calle a manifestar su mensaje. Un caso emblemático corresponde a las marchas que se desarrollaron en distintas ciudades de Chile en contra del proyecto de HidroAysén y que tal vez sin la existencia de las redes sociales, no se hubieran concretado con el nivel de convocatoria experimentado. De acuerdo a información obtenida del diario electrónico Emol, el 13 de mayo del 2011 una de las marchas organizadas por la agrupación “Patagonia sin Represas”para expresar su rechazo a la aprobación ambiental del proyecto HidroAysén, logró convocar a 30 mil personas solo en la ciudad de Santiago (de acuerdo a datos proporcionados por Carabineros).

Un desafío para todos los involucrados
Todo lo descrito emerge como un desafío para las empresas, para el Estado y para la misma ciudadanía. Parece evidente que las empresas no han logrado informar apropiadamente a la ciudadanía ya que, en la actualidad, esta tiende a oponerse a cualquier iniciativa de inversión que implique cierto nivel de intervención del territorio. Asimismo, resulta cierto que la ciudadanía debe encausar su rechazo actual hacia un escenario que sustente el diálogo con el mundo empresarial, de manera que los proyectos de inversión se ejecuten cumpliendo cabalmente la actual normativa ambiental. Es en este punto donde el Estado debe ejercer su rol de coordinador de este diálogo ciudadaníaempresa, velando por la integración del plano económico, social, medioambiental y cultural en los cuales se mueven los proyectos de inversión, apoyado en su labor por las leyes, decretos y normas que regulan los derechos y deberes que rigen una sociedad.

Es indudable que las redes sociales han servido como un medio de organización de la ciudadanía y por ello reviste un desafío para las empresas poder encontrar una voz dentro de ellas; es indudable también que las redes sociales pueden ser un facilitador de la comunicación entre ambos actores. La tendencia indica que es el mundo virtual el escenario actual de difusión de la información y desarrollo del debate, en detrimento de los tradicionales medios de comunicación.

Hoy en día, la ciudadanía demanda mayor información en torno a los impactos ambientales que los proyectos de inversión generan en sus distintas de etapas de ejecución, y no siempre acceden a esta información por medio de los conductos adecuados (por ejemplo, el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental); es precisamente ahí donde las empresas pueden desarrollar una labor que implique un avance en el diálogo entre ambas partes, posicionándose en las redes sociales y difundiendo de manera veraz sus conocimientos sobre el tema en debate. El adecuado uso de las redes sociales y el cabal aprovechamiento de su potencia como medio difusor de información y escenario de discusión, se presenta como un desafío cuya superación significará un avance sustancial en torno a la temática medioambiental y su comunión con el desarrollo del país.